Innovación desde el Design Thinking

mar 24, 2015

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El Design Thinking es un enfoque creativo centrado en el ser humano con la misión de resolver problemas mediante métodos y herramientas específicas y propias de los diseñadores. Si repetir el mismo enfoque una y otra vez conlleva los mismos resultados y los mismos errores, hacerlo de manera diferente requiere creatividad, precisa entender al usuario, enfrentarle a sus necesidades y deseos, conceptualizar, prototipar para descubrir los fallos en el proceso… y volver a empezar. Este circuito creativo se entiende como uno de los conceptos clave de la innovación, y el design thinking cuenta con verdaderos acólitos en todo tipo de empresas de Finlandia a Singapur desde hace ya una década. Sintetizando muy brevemente, estos serían los pasos que inyectan creatividad a las organizaciones a través del valor de la innovación:

  1. Inmersión: entender y definir el problema
  2. Observación e investigación
  3. Creación colectiva para idear
  4. Prototipado y testeo
  5. Evaluación
  6. Implementación, adaptación… y volver a 1. las veces que hagan falta

En los últimos tiempos – ayer, como quien dice – y tras un buen puñado de prácticas surgen voces críticas más o menos escépticas que se preguntan en qué medida se conecta este proceso con la realidad, y si el design thinking incorpora todos los recursos necesarios para que surja la verdadera innovación. Desde nuestra experiencia sabemos que un proceso de Design Thinking fructífero no sólo depende del objetivo del cliente, sino de su propio ecosistema, de su cultura organizativa, de sus hábitos, prácticas y otras particularidades que defendemos cada vez que tenemos la ocasión. Y en mitad de todo este jaleo llaman a la puerta otros procesos como el Business Thinking o el Art Thinking. Y lo mejor de todo es que no han llegado para destronar a nuestra metodología reina, sino que están aquí para sumarse.

Business Thinking o con el jefe hemos topado

Siendo realistas o extremadamente objetivos, la innovación requiere más que prototipos al final del resultado, requiere un buen análisis de modelos de negocio y un afilado business plan para crear un enfoque más holístico. Precisa, lo vemos a diario, de una definición de los valores y un estudio pormenorizado de la competencia, además de planes financieros y de marketing. ¿Cómo integrar estas herramientas con el Design Thinking? ¿Realmente ambos enfoques manejan conceptos diferentes o antagónicos? Hay quien ve riesgos en encontrar un punto en común, y el escepticismo del que hablábamos se torna a veces amenaza de frustración, como ocurriría con las expectativas a corto plazo del Design Thinking: ¿de qué deseos – o insights – habla este enfoque, que parecería miope al no admitir que pueden variar, y de hecho varían, a lo largo del tiempo? En economía el concepto de expectativa llena bibliotecas porque resulta esencial conocer, prever al menos, el rumbo de todo proyecto si se quiere apostar por las posibilidades de la innovación, especialmente de la innovación disruptiva.

Art Thinking: a reinventar

Admitámoslo, las empresas desean (léase necesitan) altas dosis de creatividad aunque acepten su dificultad para asumir la falta de claridad, el aparente desorden, la abstracción, apertura y oscuridad que conllevan los procesos creativos. En el mundo de la lógica no tiene cabida un proceso creativo, se percibe como impredecible, ineficiente y no cuantificable. Muchos directivos temen que las tareas se ejecuten por el equipo equivocado, y desconfían de que los objetivos del negocio puedan lograrse incorporando el Design Thinking a su proceso de trabajo. Pero cuando lo hacen, la innovación surge, por eso tendrán que asumirlo y preguntarse por qué no deshacerse de prejuicios y abrazar la creatividad. Que entre en escena el Art Thinking.

Esta exótica metodología hace hincapié al principio del proceso, donde reside el mayor potencial de la creatividad, en las sesiones de brainstorming y en la aceptación de todos los fallos posibles. En definitiva, al contrario que el Design Thinking, el Art Thinking trata de reinventar, no de aumentar, y por eso es tan interesante en los proyectos que tienen que ver con código y desarrollo digital, por ejemplo. El propio diseño como disciplina artística sería capaz de aglutinar y manejar todos esos retos de aquí en adelante. Como la verdadera innovación, el arte y el diseño parten de una mentalidad abierta y cultiva hábitos creativos con el fin de ver el mundo desde cero y son capaces de crear algo verdaderamente nuevo.

En definitiva, el proceso de Design Thinking sería más interesante a largo plazo, y conviene que la labor del diseñador o del artista continúe en el proceso desde dentro formando un verdadero ecosistema de innovación con todos los miembros del equipo. Y aquí hablamos de verdaderas sinergias y de hibridación entre enfoques y técnicas analíticas e intuitivas que den lugar a genuinos procesos innovadores. Eso es lo que propone el ‘Efecto Medici’ al adentrarse en el fascinante mundo creativo de la intersección de disciplinas, industrias, culturas, negocios e ideas. Casi casi una nueva sensibilidad.

Os iremos informando.

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