Paso a paso hacia el laboratorio de diseño en la empresa

Minutos después del último taller de Design Thinking para Social Enterprise, un participante se acercaba entusiasmado para compartir conmigo su gran revelación: “¡Ya sé lo que hace falta en mi empresa: un laboratorio de diseño!” Había entendido el valor del diseño, de la investigación con usuarios y del prototipado para el testeo de nuevas ideas… y no dejó escapar la ocasión de formular la pregunta del millón: “¿Qué recursos y secuencias tenemos que dar para implantarlo?”

El diseño es una práctica, y uno no se convierte en diseñador de la noche a la mañana, que suficiente tiene ya con su trabajo. Además, como cualquier experimento, un laboratorio exige tiempo, trabajo y espacio. Este post va dedicado a ese participante del taller y a todos los que comparten la curiosidad por la que tal vez sea la mejor idea empresarial del siglo. 

CADA EMPRESA ES UN MUNDO

Parece obvio pero hay que recordarlo: así como cada empresa tiene su plantilla de trabajadores, ecosistema rico en perfiles con diferentes expectativas y prioridades, ya sean comunes o individuales, cada empresa cuenta también con sus propias necesidades, sus propios recursos, su mercado objetivo y su modelo de negocio. Y puesto que no todas las empresas comparten la misma capacidad de innovación, me permito dudar de cuantos afirman que las innovaciones pueden reproducirse y escalarse, o copiarse y pegarse para llegar a un resultado determinado. ¿Contamos con la batería necesaria de recursos para innovar? Veamos cuántos demanda un laboratorio de diseño.

¡PREGUNTAS, PREGUNTAS!

Si la innovación es convertir algo novedoso en valioso, ¿a qué otorga valor nuestra empresa? ¿Qué valores inculcamos en la plantilla? ¿Cómo articulamos los equipos de trabajo? ¿En qué confiamos realmente? ¿Y cómo transmitimos los conocimientos? Mirar al interior suele doler, pero sin una exploración previa jamás sabremos qué necesitamos, dónde falla nuestra visión empresarial, o qué se nos da bien.

De este análisis surgirán las primeras revelaciones para identificar si optamos a un laboratorio con equipo permanente, o si un laboratorio temporal en torno a un proyecto concreto, como un Pop-up lab, sería suficiente.

DEFINIENDO EL RETO


Sin abandonar la fase de investigación y con las ventajas del diseño siempre presentes, ¿nos conviene un laboratorio orientado a la participación de expertos, o preferimos un laboratorio más participativo y abierto la la creación con usuarios finales?

¿Y a qué escala pretendemos operar? Podemos centrar la actividad del laboratorio en la innovación front-end, como generadores de buenas ideas para que otros las implementen… u orientarnos a generar impacto y soluciones macro para encarar grandes retos sistémicos. Sabemos de la capacidad del diseño para generar una nueva cultura de toma de decisiones en la empresa, y de aportar valor a sistemas más amplios de gobernanza. En España la estrategia de diseño empieza a aprovecharse ahora, y casi como en Finlandia, vemos que surgen resultados sistémicos. Cuidado, queridos lectores, porque todos esto se revela trascendental y adictivo.

Por todo lo anterior necesitamos definir nuestro reto empresarial, un reto que será la gran propuesta de valor del laboratorio y nuestro mejor argumento de venta. ¿Queremos desarrollar una estrategia, un servicio, un programa o un nuevo modelo de negocio? El reto elegido justificará el valor del laboratorio y asentará las bases para el compromiso del equipo. El laboratorio se ganará entonces el honor de ser nuestra mayor innovación estratégica.

EL GRAN DESAFÍO: EL EQUIPO DE DISEÑO



Con la creación de un calendario y un presupuesto para el laboratorio (no hay opción para la duda aquí) llega el debate sobre los objetivos operativos. Abordaremos cuestiones sobre el nivel de autonomía de los equipos de trabajo, y articularemos propuestas y decisiones sobre las recompensas para un equipo de líderes con talentos y habilidades específicas. No me refiero a un equipo de consultores externos, sino a un equipo de perfiles internos capaces de aplicar la lógica, el rigor y el pensamiento crítico con creatividad, que impulsen la creación colaborativa y que cultiven la perspectiva a largo plazo sin dejar de orientarse al usuario final.

¿Algo como esto quizás?

No, algo como esto:



Una última sugerencia a tener en cuenta: el equipo de diseño deberá regular la profundidad de foco y depurar las grandes ideas que requieran proyección para solucionar el reto planteado de las que no merezcan un desarrollo posterior, por mucho entusiasmo que generen.

MANOS A LA OBRA: EL PRIMER PROYECTO


Hemos tomado una decisión: sabemos qué tipo de laboratorio queremos y tenemos todo lo necesario para estrenarlo, ¿repasamos?

  1. Allanar el camino
    Aparecerán nuevos términos, debates y actitudes en la empresa, sobre todo entre el equipo de diseño. Conviene interiorizarlos para organizarnos y ajustarnos a los nuevos compromisos. Y conviene también reflejarlos a través de vías que comuniquen las nuevas expectativas que alentarán el cambio.
  2. Un movimiento en la plantilla
    Incentivemos un canal de comunicación constante que genere confianza creativa. Hay mil opciones: vídeos, webs, redes sociales, etc. Servirá también para seleccionar y organizar esos perfiles en el equipo de diseño: diferentes profesiones, intereses, géneros, nacionalidades…
  3. Un espacio propio
    Una sala aparte, equipada con herramientas y con nombre propio, que visibilice el nuevo sistema de trabajo. El laboratorio adquirirá con el tiempo su personalidad, estará destinado a compartir y monitorizar los resultados de las investigaciones, las ideas, los prototipos… al margen de la rutina diaria.
  4. El primer proyecto
    Un primer proyecto que permita incorporar todo lo anterior; que sea sencillo y esté vinculado a un entorno de bajo riesgo. Tenemos el equipo según perfiles y habilidades, documentemos el proceso en un blog, en moodboards, sin presiones ni expectativas inalcanzables. A la larga escribiremos artículos, presentaremos estudios de caso, seremos referentes de diseño.

El gran secreto para mantener el frágil y glorioso equilibrio entre el laboratorio abierto, libre para experimentar y fallar, y el laboratorio útil, productivo, capaz de conseguir impacto, no es otro que ponerse manos a la obra. Esta vez toca mancharse.

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